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Las emociones positivas están menos ligadas a tendencias de acción específicas que las negativas y también están vinculadas en menor grado a patrones psicofisiológicos precisos.

En este sentido, las emociones positivas ponen en marcha conductas más flexibles, menos predeterminadas, ayudando de este modo a ampliar nuestros repertorios de conducta.

Tradicionalmente, se partía de una visión en la que las emociones sólo se podían considerar como tales si cumplían dos requisitos:
a) toda emoción se asocia, necesariamente, a tendencias de acción específicas (como, por ejemplo, luchar o escapar).
b) toda emoción tiene como resultado una tendencia de acción física (siguiendo el ejemplo anterior, atacar o huir de la situación o estímulo que ha provocado esa emoción).

En 1998, Bárbara Fredrickson elabora el que es el modelo más completo y aceptado para explicar la función que cumplen las emociones positivas, en contraposición con la función que se le atribuye a las negativas. El nombre del mismo es Modelo de Ampliación y Construcción (Broaden and Build).

Los estados afectivos relacionados con estas emociones se vinculan en una ampliación de las posibilidades de la atención, la cognición y la acción, y a una mejora de los recursos físicos, intelectuales y sociales de la persona.

Según el modelo de Fredrickson, hay tres efectos secuenciales de las experiencias de emociones positivas:

Ampliación: las emociones positivas amplían las tendencias de pensamiento y acción.

Construcción: debido a la ampliación, se favorece la construcción de recursos personales para afrontar situaciones difíciles o problemáticas.

Transformación: esta construcción produce la transformación de la persona, que se torna más creativa, muestra un conocimiento más profundo de las situaciones, es más resistente a las dificultades y socialmente mejor integrado, con lo que llega a una “espiral ascendente” que lleva a que se experimenten nuevas emociones positivas.

Emociones Positivas

La experimentación de emociones positivas incrementa los recursos personales, que luego pueden ser utilizados en otros contextos y bajo otros estados emocionales.

En este sentido, experimentar emociones positivas nos lleva a generar nuevos repertorios de respuesta, nuevas posibilidades de ofrecer soluciones más creativas; pasar por esa experiencia, además de reportarnos beneficios emocionales inmediatos, nos permite afrontar con mejores garantías situaciones parecidas en otros momentos.

Si el modelo tradicional partía de la base de que las emociones negativas tienen la función de activar en nosotros un repertorio básico y reducido de respuestas que facilitasen la supervivencia, este modelo sugiere que las emociones positivas tienen la función de ampliar y construir repertorios de pensamiento y acción, facilitando la creación de nuevas experiencias de afrontamiento y redes sociales más complejas y firmes.


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